Bajo una ordenanza municipal, desde el mes pasado está prohibida la técnica publicitaria conocida popularmente como la de “hombre-anuncio” según indicaba el diario El País.
No es que esté a favor de este tipo de comunicación, pero ya era un clásico cuando iba a la capital y me encontraba por sus céntricas calles personas cargadas de un cartrón publicitario “compro oro”.Según el alcalde Gallardón, se trata de un trabajo “denigrante”; sin embargo, según Armando, un “hombre-anuncio”, dice: “Es más degradante no poder comer. Si el señor alcalde me da otro trabajo, estoy encantado de dejar éste”.
La última vez que estuve en las Fallas de Valencia encontré uno de ellos disfrazado de botella de Solán de Cabras. No sé si está considerado igual pero, personalmente, lo encuentro más “denigrante”. Miradlo, estuvo toda la santa tarde en la puerta de la Estació del Nord sin vender nada.
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