Te despiertas tras el grave sonido del despertador, el cual está incorporado en el pequeño aparato que sirve, principalmente, para llamar, llamado vulgarmente móvil. Sales de la cama, tras perrear tus cinco-diez minutos de rigor bajo la manta, y te desplazas hacía el baño donde encuentras de todo: un váter, donde puedes hacer higiénicamente tus necesidades diárias, una ducha, donde te aseas con diferentes tipos de jabón (uno para el pelo y otro para el cuerpo), y un espejo para poderte peinar pero que tras ducharte se llena de “baff” y recurres a frotar, con la mano derecha, un pequeño trozo para verte reflejado. Asímismo, dispones de desodorante, para no apestar a sudor al final de la jornada, dentrífico para limpiar las muelas, bastoncillos para las orejas y, finalmente, un poco de gomina para chafarte ese oscuro pelo rizado que tras ducharte, se ensancha.
Posteriormente, te desplazas hasta tu habitación con una toalla cubriéndote la mitad baja del cuerpo, abres el armario y escojes unos calzoncillos, unos calcetines negros de lana para no pasar frío en los pies durante el resto del día, unos pantalones de entre los diez de que dispones, mientras piensas con qué camiseta los conjuntarás. Finalmente, abres el cajón de los jerseys y seleccionas rápidamente el más grueso, con capucha. Tras esta corta selección, arrapas unas bambas del zapatero y sales de tu habitación en dirección a la cocina donde no encuentras pan para desayunar y decides bajar a la calle e ir al supermercado de al lado a comprar. Le pides a tu madre si quiere algo más y, tras regalarte gentilmente que bajes la basura, te dice que compres lo siguiente: dos barras de pan y dos croissants, uno de chocolate para tí y otro de frankfurt para tu hermano, quién aún duerme plácidamente en su cama.
Sales a la calle, abrigado, ahora sí, con un anorak de skí hasta arriba y un gorro de lana negro, con el símbolo de ADIDAS al revés, con tal de auyentarte del frío matinal de esa semana de enero. Andas solitariamente dos calles hasta acercarte al super. Entras y no hay nadie en sus pasillos. Te diriges directamente a la zona de panadería y bollería y picas el timbre del mostrador, ya que un cartel ahí colgado así lo indica. Aparece la dependienta, con una bonita sonrisa marcada en su jovial cara, mientras escucha lo que deseas. Te lo sirve, te lo envuelve en diferentes bolsas y te cobra. Vuelves a estar en la calle, bajas una avenida y entras en el estanco donde compras un paquete de Marlboro diez, mientras a tu lado un chico está escribiendo la dirección en un sobre antes de sellarlo. Sales y te diriges a casa de inmediato, donde tras saludar a una vecina en el ascensor y no saber en qué piso vives aún, después de quince años, entras por la puerta de casa. Saludas a tu madre mientras dejas todo lo que acabas de comprar encima la mesa de la cocina. Te hacen despertar a tu hermano al cual lo despiertas con un leve nombramiento a su nombre y una pequeña alusión al desayuno que le espera si se levanta de inmediato. Accede, y os desplazais ambos hacía la cocina, donde te sirves de un vaso de leche fresca para acompañar al tremendo croissant de chocolate. Tu hermano enciende el televisor y escuchas la típica tertulia “intelectual” de las mañanas. Indignado por los problemas que se cuecen en el país por culpa del llamado “Plan Ibarretxe”, apagas el televisor, te despides de tu madre y de tu hermano, y sales pitando inmediatamente a la calle donde el frío te espera de nuevo.
Te diriges esta vez hacía el metro, el cual se encuentra enfrente de la Sagrada Família. La miras y la remiras, mientras ves como muchos turistas la estan viendo por primera vez en su vida. Ries y entras en la estación tras bajar unos cuantos escalones. Picas el billete y te diriges hasta Sagrera por la línea 5. En el vagón, cojes asiento cerca de un joven, que con un gorro del barça tapa su pelada cabeza mientras estudia no sé qué acompañado de una música muy estridente. El resto del vagón lee, sin mucho interés, el 20 minutos o el Metro, gracias a que són periódicos gratuitos. Llegado a Sagrera, haces trasbordo de línea y pasas hacia la línea roja, tras haber cruzado un largo pasadizo, y ves que al fin ya han finalizado las obras. Esperas en el andén al nuevo metro junto una sur-americana y, tras ojear un periódico abandonado del viernes anterior, llega el tren. Te subes y la sur-americana tras entrar, baja inmediatamente al realizarse de su error de dirección. Haces tan solo una parada, hasta Fabra i Puig, sales rápidamente hasta la estación de trenes de cercanías, miras la pantalla de horarios y aún te quedan diez minutos, tiempo que aprovechas para entrar al solitario bar de la estación y pedirle al macarrilla del camarero un cortado y que te acerque el diaro Sport. Bebes el café leyendo las pésimas noticias deportivas de un martes intranscendente futbolísticamente, mientras te fijas en el ir y venir de las diferentes personas que entran en el susodicho bar. Cuando ya lo has acabado, le pides amablemente que te cobre y le das el cambio de propina, lo cual te lo agradece con una sonrisa y deseándote que pases un buen día. Picas la targeta para acceder al andén, miras y miras el monitor el cual indica “4 minutos, 3 minutos, 2 minutos”,”Para en todas las estaciones”, hasta que escuchas por el altavoz: “Tren con destino, Vic, vía uno; Tren amb la destinació, Vic, via u”. Te subes, cojes asiento y empiezas a escribir…
Según la humilde opinión de tatahelena :)
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